Los jóvenes ya no decidimos si estudiar o trabajar


El Gran Cuarto de la biblioteca del Trinity College de Dublín 

  Actualmente estamos ante una época de crisis, una realidad que por lo visto en las estadísticas que nos ofrece la situación actual, va a durar unos cuantos años, los suficientes para que los jóvenes de ahora ya no sean tan jóvenes en el momento que la crisis laboral se apacigüe, dejando así de ser tan grave como actualmente lo está siendo. Todo ello conllevará la negativa consecuencia de que la vida laboral de los jóvenes de ahora y de los mayores de entonces, será en el futuro corta y tal vez desmotivada.  Pero dejemos de pensar en las consecuencias futuras, y analicemos las mas tempranas e inmediatas que derivan de que los jóvenes no tengan trabajo en la actualidad, ya no se trata de un trabajo acorde a sus estudios y especialización, sino simplemente a un trabajo digno cualquiera, pagado y valorado a través de un contrato y una nomina.  Está claro que el sistema español en el ámbito educativo lo ha hecho mal y por lo visto, continua haciéndolo, va de mal en peor.

         El motivo es que España ha creado muy buen producto (esto es indiscutible), si por producto entendemos jóvenes estudiantes cualificados y especializados en numerosos campos del ámbito laboral, una preparación que supone un gran coste para Estado y para las familias, una preparación que luego por desgracia no sirve para nada, siendo esta la realidad, España gasta su dinero en preparar a los jóvenes españoles (producto) y otros países se aprovechan de ello, explotando el producto en su país. En definitiva, España se gasta el dinero en generar un producto (jóvenes cualificados) que otros países luego explotan, beneficiándose así de lo que nuestro país ha producido.

La consecuencia inmediata es por un lado, en los estudiantes ya cualificados y con un título universitario, desmotivación y sensación de engaño, hace unos 10 años nos vendieron a nosotros y a nuestras familias que la mejor opción para tener un buen trabajo era estudiar en la universidad, y tras terminar íbamos a conseguir en poco tiempo un trabajo acorde a nuestros estudios y bien remunerado. ¿Dónde está ahora ese resultado? Ya tenemos un titulo universitario e incluso dos, un máster, hablamos a nivel intermedio la mayoría un idioma, y otro porcentaje más pequeño incluso dos a nivel profesional, hemos salido al extranjero, y continuamos pagando por una formación continua mientras echamos currículos en empresa tras empresa y/o preparamos una oposición o una tesis doctoral.  Continuamos tanto España y las familias pagando por esta formación, una formación interminable mientras esperamos firmar un contrato laboral. En definitiva continuamos fabricando ese producto, un producto que, o bien otro país explotará, o bien en el momento que España empiece a ver sus beneficios ya será tarde, porque ese producto joven y motivado, será entonces un producto agotado y sin experiencia laboral alguna.

Y por otro lado, otra consecuencia es la referente a la situación actual de los jóvenes de edad temprana que acaban su vida académica en el bachiller y se preguntan ¿se supone que tras subir el gobierno las tasas académicas universitarias, teniendo a uno de mis padres en paro y viendo el panorama de los jóvenes que ya tienen carrera y no trabajo, debo dejarme convencer que la mejor opción es estudiar una carrera universitaria? Lógicamente viéndolo desde ese punto de vista, es normal que decidan no seguir estudiando, pero otra consecuencia es que a pesar de no tener dinero suficiente para hacerlo tampoco tienen cualificación suficiente para trabajar, es más, no hay trabajo para ellos teniendo o no cualificación, al igual que no lo hay para los que ya la tienen, de ahí que sean “NiNi”, porque no estudian ni trabajan, pero no porque ellos así lo decidan, sino porque no tienen dinero ni motivación para estudiar ni trabajo donde trabajar, es decir, porque así lo ha generado el gobierno y la situación económica nacional e internacional que estamos sufriendo todos, y que por desgracia donde mas repercute a efectos de futuro y de larga duración es en lo jóvenes de hoy y mayores del mañana.

Tal vez algunos piensen que le mejor solución son los minijobs, nanoempleos, etc., llamémosles como los llamemos o como quieran los gobiernos de los diferentes estados llamarlos, pero dichas estrategias laborales creadas para bajar las tasas de paro juvenil y para callar a los jóvenes, son como decía mi abuela “pan para hoy y hambre para mañana” o como decía el filósofo Tugenthat “mero papel mojado”, ya que serán eficaces a corto plazo, pero a largo plazo están muy lejos de un trabajo digno y legal acorde a lo que el derecho del trabajo entiende por trabajo. El empresario de ahora más que nunca tiene todo a su favor, un trabajador joven, bien cualificado y especializado con ganas de comerse el mundo, un gobierno cuyo objetivo es disminuir lo antes posible las catastróficas cifras de paro y por supuesto, la opción de pagar poco a ese trabajador joven a través de los minijobs, con contratos de trabajo temporales y de media jornada, con cuantías tan pequeñas a través de las cuales el joven de hoy puede darse algún que otro capricho, eso sí, siempre y cuando viva con sus padres, porque si vive por su cuenta ni para el alquiler del piso tiene con ese sueldo. ¿Minijobs? Sí son útiles para aquellos jóvenes que no tienen facturas que pagar ni responsabilidades mayores que ir a un centro comercial a comprarse unos vaqueros, pero muy pocos eficaces para aquellos jóvenes que desean una independencia y que algún día esperan formar una familia. 

Aún así no todo va a ser negativo a cerca de mi visión sobre los minijobs, ya que gracias a ellos si son trabajos que van a ser útiles para que el joven tenga experiencia el día de mañana en lo que ha estudiado, bienvenidos sean, si son trabajos que a pesar de que nada tengan que ver con la cualificación del joven, pues también serán bienvenidos si gracias a ellos el joven puede costearse sus estudios, por lo contrario, sería una explotación laboral pero disfrazada con el concepto “oportunidad laboral”, que lo único que hace es que el joven sea más consumidor porque le proporciona dinero para sus caprichos (fiestas, ropas…), no siendo así en consecuencia el suficiente sueldo para poderse independizar y formar su propia vida.  Si dicho dinero el joven lo invierte en su formación, eso sería algo positivo a destacar, pero otra consecuencia sería que el tiempo académico probablemente se ampliaría más de lo normal, ya que estudiar y trabajar a la vez no todo el mundo esta capacitado (por no decir la mayoría) para sacar un carrera en esas circunscritas en tan sólo cuatro años según la regulación del Plan de Estudio Europeo Bolonia.

Mi reflexión de hoy es la siguiente: ¿realmente los jóvenes deciden no estudiar ni trabajar? Ya sabéis mi opinión, y tú ¿qué piensas? ¡a filosofar se ha dicho!. Muchas gracias por estar ahí.

Un saludo, Leticia

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