La dación en pago: diversas premisas


El dormitorio de Van Gogh en Arlés (primera versión), 1888

       La dación en pago siempre es posible porque el deudor puede pagar la deuda bien pagando lo debido pecuniariamente o entregando un bien con el mismo valor de la deuda, siempre y cuando el acreedor consienta. Por tanto, la dación en pago tendrá los efectos que permitan el acreedor y el deudor, como dar en pago la vivienda hipotecada y seguir debiendo parte de la deuda. El inconveniente es que se imponga la dación en pago como modo de extinción, su ámbito de aplicación tanto objetivo como subjetivo es muy estrecho, por no decir inexistente ¿quién puede imponer la dación en pago al acreedor? Sujetos determinados por esas normas, que son sujetos que se encuentran en una situación donde lo preocupante es que sean deudores hipotecarios porque no tenían financiación ni antes de celebrar el contrato ni después. La discusión actual de fondo que se encuentra en concreto, es si subsiste o no la posición de deuda después del proceso de ejecución, si se libera o no al deudor después de esa ejecución. Ahí es donde esta la discusión de fondo, es decir, desde el punto de vista jurídico la única y verdadera cuestión es si permitir o no la liberación del deudor por el importe de los satisfecho una vez producida la ejecución.  Hay diversas premisas:

1)          No todos los deudores son iguales: las causas que han conducido a la situación de insolvencia del deudor son distintas entre sí (fortuitas, externas que no ha podido controlarlas, y otras que son imputables) por tanto se ha de ver la buena o mala fe del deudor. Liberándose así sólo al deudor del buena fe. Además hay que avisarlo anticipadamente, fijando el circulo de los deudores que merecen la liberación.

2)           Efecto profuturo: si existe un mecanismo de esta clase, la concesión de prestamos hipotecarios y las garantías exigidas a los prestamistas van a ser mucho mayores, es decir, se restringe el efecto hipotecario  y además obligará a las entidades financieras a fijar recursos ante el banco de España, dotaciones para inmovilizar recursos, cuantos más recursos inmovilicen menos será el recurso disponible. Además, ante la masa de créditos que se verían beneficiadas por estas reglas de liberación, el "sobre-coste" que sufren los bancos no los pueden repercutir a los deudores pasados pero si sobre los deudores futuros, siendo así en el futuro el crédito más caro, trasladando el sacrificio al otro.

3)         Respecto al argumento de los valores de tasación que se le atribuye a los bienes afectos para determinar las reglas de ejecución, ese es el propósito. El valor de tasación no es estable, lo es en el momento de celebración y el momento de ejecución del contrato, pero puede haber diferencia entre ambos momentos hasta 50 años, por tanto no hay que sujetar el valor de tasación. El valor de tasación en la hipoteca es el de fijar el valor de salida en caso de ejecución. El valor de tasación es significante tanto para el deudor como para el banco para saber ambos qué riesgos corren, pero no tiene otro valor, por ello tampoco hay que sobrevalorar el valor de tasación, por ello no se puede decir que se ejecuten las hipotecas según su valor de tasación, porque ello puede conllevar efectos muy negativos.


                 Con esta pequeña reflexión jurídica - filosófica sobre la dación en pago hemos podido ver otros puntos de vista que han de tenerse en cuenta. A pesar de todo, la dación en pago queda más que justificada en aquellos casos en los que el deudor lo es en consecuencia de la  hipoteca de una vivienda familiar, donde no tiene recursos económicos para hacer frente a la deuda y más aún si este deudor se encuentra sin trabajo, si no tiene liquidez ni la va a tener en un tiempo futuro ¿qué se le va a liquidar? Esa es una pregunta entro otras tantas, que los jueces de este país si no se la hacen, se la deberían hacer. 


Muchas gracias por todo, un abrazo.

Leticia.


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