Iusnaturalismo

Las manos de Adan y Dios, por Miguel Angel
antes de la restauración de la Capilla Sixtina

     El Derecho Natural o iusnaturalismo defiende que el origen de los derechos del hombre se encuentra en la naturaleza humana y universal independiente del derecho positivo, siendo a su vez, la base de dicho derecho positivo  (legislación, legisprudencia) y del derecho consuetudinario (el derecho que emana de la costumbre). Así, se justifican determinadas concepciones de la justicia, la propiedad, el gobierno y las relaciones contractuales. De hecho, el derecho romano traduce el sentido jurídico y social de este orden natural y en Occidente, ha primado la idea de que las instituciones (civiles, políticas,…) están legitimadas por esa ley natural.

       El cristianismo relativiza el alcance de la autonomía de la ley natural ya que la hace depender de dos cuestiones externas a ella: por una lado de Dios, ya que la ley natural es traducción de la bondad de Dios que ha determinado así las cosas. Y por otro lado, aunque se reconoce la compresión racional de esta ley, el estado natural no es suficiente para su comprensión total. Se hace necesaria la Revelación de la Palabra de Dios. Es decir, junto al mundo natural, está el mundo sobrenatural que lo completa de una forma decisiva. Santo Tomás de Aquino acentúa el aspecto natural y racional de la cuestión. Afirma que todos somos depositarios de una ley, de una conciencia con la que podemos comprender racionalmente porque así lo ha querido Dios. Por tanto, la idea de ley natural es innata (es algo constitutivo de los seres humanos). Así, la doctrina cristiana dice que toda persona (en cualquier época, tiempo y cultura) puede discernir entre lo que está bien y lo que está mal, ya que su conciencia le dicta de una manera espontánea la idea innata lo que está bien y lo que está mal. Después elegirá. Esta forma de actuar con justicia, de manera justa,... está al alcance de todos pero aquellos que son cristianos son los que comprenden todo su desarrollo, todo su alcance,... porque tienen un conocimiento revelado de la Palabra de Dios. La fe complementaría el conocimiento natural (lo desarrolla,...).

       Esto también sucede en el mundo político donde la ley natural establece los principios fundamentales de toda forma de gobierno. El iusnaturalismo se ha interpretado de formas muy diferentes a lo largo de la Historia en función de los intereses. Los intereses en juego y las luchas de poder han influido en estas diferentes interpretaciones.

        En la Edad Media, se interpretó en ocasiones en favor del Emperador y, en otras ocasiones, en favor del Papa, en función de las luchas por el poder que se han producido.
En el iusnaturalismo moderno, se veía una lucha entre el mundo feudal y la incipiente burguesía (con el poder económico). Así, pensadores como Grocio, Puffendorf y otros (entre los s.XVI-XVII) utilizan el iusnaturalismo como arma política para favorecer a la burguesía. Su intención es desvincular la ley natural de la fundamentación teológica (que servían a los intereses del sistema feudal). Para ello, reivindican la autonomía del orden natural respecto de otras instancias.

       Grocio afirma que, por derecho natural, hay máximas muy generales que han de ser cumplidas por todos: Así, conserva la pretensión de universalidad. Estas máximas serían, por ejemplo, “ser justos”, “cumplir los pactos”, “no perjudicar a terceros”, “indemnizar por los daños causados”,... Grocio hace una lectura economicista del derecho natural. En su obra Sobre el derecho de guerra y de paz, defiende los intereses mercantiles de su país. Hace propuestas, basadas en el derecho natural, para salvaguardar intereses económicos. Grocio propone una nueva fundamentación. En la introducción de la obra, afirma que estas leyes fundamentales del derecho natural radican exclusivamente en la razón humana y tienen la misma necesidad que las verdades matemáticas. Grocio afirma que existe Dios; pero, aunque no existiera, la recta razón nos indica cuál es la ley natural y como, a partir de ella, se ha de establecer la ley positiva.

   Autores posteriores procederán a continuar la secularización de la ley natural. Hobbs termina por separar el discurso filosófico-político del teológico. Locke y otros autores (los teóricos del contrato social) profundizan en esta línea secularizadora del derecho natural y legitimadora del nuevo régimen social liberal capitalista. La idea del “contrato social” se refiere a que los seres humanos, en virtud de su decisión autónoma relativamente libre y relativamente racional, decidieron, en un determinado momento, tener pactos que dieron lugar al nacimiento de la sociedad, del Estado. Esto se realizó en virtud de una decisión libre que partía de unos mínimos principios de igualdad, es decir, partía del reconocimiento de unos derechos universales de todo el ser humano. En este sentido, esta teoría política tiene un carácter revolucionario que subvierte el orden establecido y trata de generar una nueva forma de entender la vida pública y privada. Así, la burguesía adquiere el poder en el mundo, ejemplo de este proceso serían la Revolución Francesa y la Revolución Americana. Recordemos al respecto que los derechos universales, para Locke, son el derecho a la vida, el derecho a la seguridad frente a los abusos y el derecho a la propiedad.


      Por último comentar que en Europa, se da una ampliación del margen de libertad individual y se genera una nueva forma de organización social (aunque también puede generar servidumbres, desigualdades (sociales, económicas,...) que pone en evidencia Rosseau en su obra El contrato social. Así, señala críticamente las deficiencias de este orden. Rosseau subraya que el nuevo contractualismo legítimo, desde otro ángulo, las viejas desigualdades. Es decir, el iusnaturalismo era interesado y estaba al servicio de los intereses de una clase. Por eso, propone otra interpretación del iusnaturalismo para combatir el contractualismo.

       Espero que os haya gustado este post que muestra una vez más la amplia relación que hay entre el derecho y la filosofía. Gracias por todo, un cordial saludo.

Leticia Latorre Luna.

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