¿Y si gobernasen los filósofos?

Partenón

    Para Platón la sociedad ideal estaba dividida en tres pilares, por un lado estarían los trabajadores (comerciantes, industriales y agricultores), por otro lado los vigilantes o guerreros, y por último los gobernantes o filósofos. Para el pensador los individuos de una sociedad no eran iguales, dicha desigualdad no venía marcada por la cuna o el nivel económico de una persona, sino, en las capacidades intelectuales de cada uno.  Estas tres clases sociales corresponden a otras virtudes del alma humana, así los trabajadores se distinguen por su templanza, los vigilantes por su fortaleza y los filósofos por su sabiduría. Y de la misma manera que en el alma, existe justicia cuando cada una de sus partes cumple con su función sin interferir en las funciones de las otras, en la polis hay orden y armonía cuando cada clase desempeña su papel en función de su propia naturaleza.

           Platón se preguntó ¿y si gobernasen los filósofos? El estado ideal de pensador era aquel que estaba gobernado por filósofos, ya que éstos eran los únicos que estaban educados para gobernar, un estado debía ser gobernado por personas sabias, que conociesen los valores del hombre, las inquietudes de la sociedad y mostraran un gran interés en el conocimiento. En definitiva, personas que desde sus inicios han sido educadas para gobernar a través de grandes disciplinas como las matemáticas, música, geometría, astronomía y por supuesto filosofía. Fue tanto su empeño e interés en poner en práctica su teoría del estado ideal y de ver realizados sus ideales políticos que viajó a Sicilia al enterarse que Dionisio de Siracusa estaba interesado por la filosofía, su objetivo era convertir al tirano en filósofo y poder poner así en práctica su idea de un estado gobernado por filósofos.  Pero el pensador no tuvo suerte, tras un gran esfuerzo no consiguió convencer a Dionisio de sus ideales políticos, sin embargo, el joven cuñado del tirano, Dión, quedó muy impresionado por el filósofo y se convirtió en uno de sus discípulos predilectos. Finalmente, Dionisio por celos ordenó la expulsión de Platón, lo que supuso su regreso inmediato a Atenas. Años después, el pensador tuvo de nuevo la esperanza de poner en práctica su estado ideal, fue en el 367 a.C. cuando emprendió un segundo viaje a Siracusa al enterarse que Dionisio el Joven, tras suceder a su homónimo el Viejo como tirano de Siracusa, volvía a tener grandes inquietudes por la filosofía, de nuevo tras una temporada intentando formar a Dionisio como filósofo no obtuvo resultado alguno, ya que el tirano se terminó cansando de Platón y de su pensamiento, ordenando su ingreso en prisión donde el pensador estuvo dos años, posteriormente fue vendido como esclavo a un hombre rico de Italia, quien admiraba su filosofía y lo dejó libre para que regresase a Atenas. A raíz de estos acontecimientos, Platón abandonó definitivamente sus planes políticos y se centró en su actividad docente en la Academia.


         El motivo por el que os hablo hoy del estado ideal del filósofo ateniense es porque esta semana hemos vivido en España el nombramiento de un filósofo – que anteriormente fue nombrado Ministro – como  candidato socialista a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Lo cierto es que,   independientemente del partido político al que pertenezca Ángel Gabilondo, el hecho de que un filósofo sea tenido en cuenta como un buen político tanto por su partido como por la sociedad, es al fin y al cabo un gran paso que dice mucho de la educación y formación de nuestros ciudadanos. Lo importante no es que Ángel Gabilondo sea afiliado o no de su partido, que pertenezca a un partido político u otro, lo importante es que un filósofo sea tenido en cuenta como el candidato perfecto para gobernar la capital de España. No hay duda de que este filósofo – político ideal como buen filósofo va a poner todo su empeño en tomar con sabiduría todas las decisiones que tenga a su alcance, decisiones que van a tener una repercusión directa en nosotros, los ciudadanos. Por fin, el Estado ideal de Platón va a ser puesto en práctica en nuestro país (aunque sea a pequeña escala), veinticinco siglos más tarde vamos a poder confirmar con certeza lo que ya defendía Platón en sus textos, esto es,  lo importante que es la formación y educación para que ser un buen político que sepa gobernar con sabiduría.

          Por último, quiero comentaros que no estoy defendiendo con el presente escrito ningún tipo de vinculación política, simplemente estoy a favor de aquellas personas que sean del partido que sean, saben tomar decisiones adecuadas, y por supuesto, ha sido todo un acierto confiar en un filósofo como político, porque Ángel Gabilondo tiene el ingrediente perfecto para hacer buena política y transmitir tranquilidad al pueblo, esto es, la certeza de que sepamos de que todas sus decisiones van a ser tomadas con sabiduría, puesto que como bien decía Platón, la política es un papel que deben desempeñar los filósofos. Sin embargo, actualmente en el siglo XXI, no pedimos que todos nuestros gobernantes sean filósofos o grandes intelectuales, nos conformamos con tener por políticos personas transparentes, preocupadas por la sociedad, formadas y educadas para gobernar, puesto que ya estamos más que cansados de los charlatanes que dicen tener lo imposible y juegan con la esperanza de una sociedad desilusionada y desamparada, de los políticos que han mostrado un único interés: llenar sus bolsillos y vaciar los del pueblo, y de aquellos que están en el senado y congreso sin tener una formación intelectual y académica propia para ser dignos de sus asientos.  

          Es difícil defender un partido político, pero como ciudadanos tenemos que ser críticos y ser conscientes cuando un político sea del partido que sea va a saber tomar con sabiduría una decisión, porque es de la única forma que esa decisión va a ser buena para nosotros, los ciudadanos.  La formación y la educación es imprescindible para saber si un político es un buen político, tal vez no se trate tanto de crear nuevos partidos, sino de cambiar a las personas de aquellos partidos que ya están formados, y que sea el pueblo el que decida libremente en virtud de su ideología política qué partido gobierna ¿no creéis? Si a uno le despiden porque no sabe hacer bien su trabajo, el problema no radica en la empresa, sino tal vez en que esos puestos deban ser ocupados por personas más cualificadas.

       Me despido con una de las últimas frases que Ángel Gabilondo ha pronunciado:

           "Yo lo que quiero es que hablemos de contenidos, de ideas, de proyectos, de propuestas, de cómo resolver los problemas de los ciudadanos. Ahí nos encontraremos con él o con quien sea."


      En definitiva, ¿y si gobernasen personas educadas y formadas dignos de tomar buenas decisiones para el Estado y sus ciudadanos?


Muchas gracias por visitarme un día más. Tened una feliz semana. Un abrazo muy grande, Leticia.

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