Copérnico y Giordano Bruno

Monumento a Nicolás Copérnico en Varsovia por
Bertel Thorvaldsen
  
            En el post up de la semana pasada os hablé de la Revolución científica, y os comenté que os hablaría de los cuatro grandes científicos como ejemplos de la misma. Estos científicos son: Copérnico, Giordano Bruno, Kepler y Galileo Galilei. Hoy os voy a dar unas cuentas pinceladas de los dos primeros, y la próxima semana os escribiré sobre Kepler y Galileo Galilei, así vuestra lectura es mucho más amena.

Empecemos por el primero: 

          Nicolás Copérnico,  fue el creador de la revolucionaria teoría del heliocentrismo, que se contraponía al geocentrismo. Esta teoría defendía que el Sol era el centro del universo y que los planetas giraban en esferas concéntricas alrededor de éste, incluida la Tierra, que no es inmóvil sino que está dotada de tres tipos de movimiento. Las nuevas observaciones astronómicas necesitaban de un nuevo sistema que superara todas las contradicciones que el geocentrismo ptolemaico (que consideraba que la Tierra era el centro del universo) generaba: precisaban en definitiva de un sistema más simple. Copérnico llegó a postular el heliocentrismo a través de un proceso teórico en su obra De revolitionibus orbium coelestium, en el que tuvo gran influencia la reorientación en la interpretación de textos clásicos, en especial de corte platónico (la física aristotélica no gozó de demasiado adeptos entre los científicos renacentistas). El movimiento observado de los astros casaba mal con la teoría, que precisaba de un sistema teórico extremadamente complejo para poder explicarlos (hablaba de un sistema de esferas que ya llegaba a 70 en tiempos de Copérnico). Los renacentistas abogaban por la sencillez, y el heliocentrismo gozaba de esta cualidad además de estar basado en pruebas matemáticas y en especial geométricas consistentes; sin embargo, no acababa de cuadrar con las observaciones astronómicas, se enfrentaba a una visión cosmogónica profundamente enraizada en la sociedad de aquel momento y se carecía de las nociones físicas necesarias para afianzarlo. Por todo ello fue objeto de numerosas críticas de índole geométrica (a la pregunta ¿cómo es posible el movimiento de la Tierra no modifique nuestra visión de las estrellas fijas? Copérnico contestó que era debido a la enorme distancia que nos separa de ellas); de carácter mecánico (¿por qué no se percibe el movimiento de la Tierra?) o de tipo religioso (la Biblia afirmaba que la Tierra era el centro del universo y estaba inmóvil). 

      En definitiva, Copérnico lanzó ideas terriblemente innovadoras que constituyeron lo que se conoce como revolución científica, aunque siguió conservando algunas ideas anteriores, como el hecho de la existencia de las esferas de las estrellas fijas o del movimiento uniforme y circular de los planetas. Pero su teoría heliocéntrica, que no fue publicada hasta 1543 (año de su muerte), aunque el autor había elaborado mucho antes, significaba una revolucionaria innovación teórica que se vio avalada por los datos astronómicos y mecánicos que aportó Galileo.

               Por otro lado, Giordano Bruno (fraile Dominico) que no fue exactamente un científico pero su filosofía se circunscribió en el sistema planteado por Copérnico. La filosofía de Bruno, su metafísica, está impregnada de ideas platónicas, cusanas y copernicanas. Fue un panteísta, que afirmó que la multiplicidad de seres del mundo procedían de la unidad divina, que las cosas del mundo eran huellas de Dios, y aunque no podía conocerse el principio primero conociendo el universo, las cosas de la naturaleza formaban parte de un todo orgánico que se identificaban con el cosmos, y el mundo se hallaba dotado de un alma que constituía su motor inmanente y su forma universal. Dios estaba presente de forma inmanente en el mundo, y no sólo eso, sino que constituía su alma, punto que provocó su adscripción al panteísmo aunque el filósofo negó que lo fuera. Si Dios está presente en el mundo y es infinito, la naturaleza necesariamente también lo será. Bruno recogió la teoría heliocéntrica copernicana y postuló que la distancia entre la Tierra y el resto de estrellas resultaba infinita. De ahí surgió una concepción del universo que rebasó al mismo Copérnico: Bruno postuló que el Sol era únicamente una estrella más, nuestro sistema solar formaba parte de un sistema más amplio, y así sucesivamente hasta el infinito. Ninguna estrella ocupa un lugar privilegiado, aunque cada una constituye un sol y en cierto modo puede considerarse centro del universo, aunque en realidad ninguna lo es.

              El panteísmo y la concepción infinita del universo fueron los pilares del pensamiento de Giordano Bruno, a quien vimos cómo llegaba a conclusiones absolutamente actuales en su teoría cosmogónica

Espero que os haya gustado esta entrada, y que hayáis aprendido cosas nuevas, yo por mi parte deciros que he disfruta mucho haciendo este post up. Nos vemos la próxima semana con otros dos científicos del Renacimiento: Kepler y Galileo Galilei. 
Con todo mi cariño, 
un abrazo muy grande. 
Leticia. 



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