Realismo y percepción

             
Ignacio Nazabal,
Experimentando con la percepción visual
                
                  Alguna vez os habéis preguntado si es real todo lo que vemos, es decir, si realmente lo que vemos y percibimos es tal y como creemos que es o tenemos una percepción equivocada de la realidad. A lo largo de la Historia de la Filosofía innumerables filósofos se lo han cuestionado intentando dar a través de su pensamiento una explicación razonable. Hoy os quiero escribir sobre uno de los filósofos que ofreció al pensamiento de la humanidad una gran respuestas a las citadas preguntas, él es Alfred Jules Ayer (1910-1989).

               Como sabemos en la filosofía moderna, el término realismo se aplica a la doctrina que manifiesta que los objetos comunes percibidos por los sentidos, como mesas y sillas, tienen una existencia independiente del propio ser percibido. Pues bien, en su forma extrema, que es al realismo que hace hincapié Ayer, es llamado a veces realismo ingenuo, se piensa que las cosas percibidas por los sentidos son en rigor lo que parecen ser. Y  en versiones más complejas, a veces denominadas como realismo crítico, se da alguna explicación de la relación entre el objeto y el observador que tiene en cuenta la posibilidad de que tengan lugar ilusiones, alucinaciones y otros errores de la percepción.

                  Por lo tanto, podríamos decir que el argumento de la ilusión es apoyado por filósofos antirrealistas. Dicho argumento, como bien expone Ayer, esta basado en cuatro premisas empíricas: Primero, los objetos se identifican equívocamente: Por ejemplo cuando un objeto físico se confunde con otro como sucede cuando una figura de un museo de cera se confunde con una persona real o viceversa. La segunda premisa es la de la alucinación total: por ejemplo el del paciente que siente dolor en un miembro amputado. En tercer lugar, nos habla de las variaciones de la apariencia de un objeto, dependiendo de la perspectiva, de la condición de la luz, del estado físico o mental del observador, a la presencia de algún medio distorsionante, o a cualquier combinación de estos factores: por ejemplo elevada torre que se ve pequeña cuando se mira de lejos, el palo recto que se ve torcido cuando está parcialmente sumergido en agua, cuando los objetos parezcan situados del revés cuando se les ve reflejados en espejos… Y por último, sostiene que la forma en que las cosas se nos aparecen nunca es simplemente una consecuencia de su propia naturaleza. Depende causalmente también de su entorno y de los factores mencionados en la tercera premisa.

               Según el filósofo británico frecuentemente tendemos a utilizar estas premisas cuando creemos que nuestros juicios perceptivos se han extraviado y somos conscientes de que o bien en el entorno o en nosotros mismos hay una anormalidad que no nos permite percibir las cosas tal como son. Pero es que lo cierto según Ayer es que estos factores que solo son tenidos en cuenta en casos puntuales, hay que tenerlos en cuenta siempre, puesto como bien señala la dependencia causal de la forma en que las cosas se nos aparecen prevalece sobre estos otros factores precisamente en las cosas normales en que nuestros juicios perceptivos se consideran verdaderos. Según nuestro autor, normalmente consideramos que aquello que da lugar a la ilusión o error perceptivo es cuando el objeto se identifica equívocamente o cuando nos encontramos con casos de alucinación total.   Comúnmente, en general  consideramos que las cosas que percibimos son tal como son realmente, a pesar de que sus apariencias varíen bajo condiciones diferentes. Esto significa que las apariencias no siempre las  consideramos sumamente importantes, simplemente el hecho de ser conscientes de la apariencia es ya motivo de que sabemos que es lo real, porque si no lo supiéramos no sabríamos diferenciarlo entre lo aparente. El realista ingenuo, según Ayer, no es que diga que percibimos los objetos físicos tal y como son realmente, sino solamente cuando las condiciones son las adecuadas.

    Ayer afirma que cuando un objeto físico se nos aparece en cualquier forma distinta a la suya, no tenemos conciencia directamente de él, sino de otra cosa distinta a la suya, esto es, si vemos por ejemplo un vestido marrón se me muestra negro de noche, esto es porque no tenemos conciencia directamente del vestido, sino de un color distinto al suyo. Pero, Ayer se pregunta ¿por qué veo el vestido negro si es marrón? Ayer dice que cuando se trata de estos casos los cuales tratan solo una variación en la apariencia de un objeto físico, solemos separar del objeto la apariencia, y tratamos lo que es efectivamente la apariencia como el único dato perceptivo ¿Por qué hacemos eso? ¿Cómo determinamos qué propiedades perceptibles posee realmente un objeto físico? Para responder a dicha pregunta Ayer ve necesario hacer primero una distinción entre lo real y lo aparente:

                Por un lado sobre lo real, dice que “hablamos de lo real como opuesto a emociones afectadas o meramente superficiales, de lo real como opuesto a razones aparentes, y también oponemos lo real a lo imaginario, o a lo ficticio, que no es exactamente lo mismo que oponerlo a lo aparente”.  Ayer acude a ejemplos para hacer más explicito lo que se entiende por real, por ejemplo  aquella mota de luz que se ve en el firmamento es realmente una estrella muy grande, cuando me pongo gafas azules, las cortinas parecen azules, pero realmente son blancas”, etc. Respecto a este tema, hace referencia a Austin, porque fue un pensador que también hizo hincapié en esto, y señaló que hay casos en los que no se diferencia tan bien lo real de lo aparente, por ejemplo, podemos preguntar por el aspecto que tiene realmente el gato, frente al que meramente puede aparentar en un momento dado. Esto es así, porque las cosas cambian dependiendo del tiempo y del lugar, esto es, las cosas físicas tiene tanto partes espaciales como temporales, donde una misma cosas en un momento es realmente lo que percibimos y otro momento es otra cosa distinta de lo que hemos percibido antes, esto es porque cambia y ese cambio físico es el que nos hace percibir en determinados momentos cosas totalmente reales y totalmente diferentes.

         Por ello para hacer una distinción entre lo real y lo aparente, tenemos que tener en cuenta la función de esas facetas, esas características que percibimos a través de los cambios físicos del objeto, ya sean cambios de color, tacto, tamaño… todo lo que exteriorice el objeto o la cosa física y un observador normal en condiciones normales lo perciba, lo tenemos, según Ayer que tener en cuenta. Esto, según Ayer también se aplica a nuestros juicios acerca del aspecto exterior, ya una mayoría de aspectos aparentes pueden representarse adecuadamente mediante aquello que estimamos real. Aquí Ayer pone el ejemplo de la estrella, que nunca nos parece tan grande como creemos que son, sin embargo, sí que es cierto que nuestros cálculos se basan sobre propiedades aparentes, si no de la estrella misma sobre fotografías de ella. Lo que quiere decir Ayer es que muchas de las propiedades reales que le adjudicamos a los objetos físicos son seleccionadas sencillamente de entre aquellas que aparentan tener. Ayer señala que lo que le interesa no es cómo se seleccionan las propiedades reales, sino más bien el hecho mismo de que se seleccionan, ya que si son todas igualmente apariencias, una es tan buena como la otra, no tenemos motivos para elegir a una como real y la otra no. Ayer hace hincapié en esto, para hablarnos de la postura de Russell, él cual pensó que las apariencias que no seleccionamos no son menos auténticas que aquellas que seleccionamos. Pero nuestro autor tras exponer el planteamiento de Russell, hace una crítica de él, diciendo que lo que sostiene Russell no autoriza a negar que las seleccionadas manifiesten las propiedades reales del objeto en cuestión. Ayer afirma que “si lo que queremos significar al decir que el objeto es realmente marrón es precisamente que parece marrón bajo tales o cuales condiciones favorables, entonces, si parece marrón en esas condiciones, realmente es marrón”. Es cierto que esto no nos dice las propiedades que tiene una mesa por ejemplo independientemente de las maneras en las que se nos presenta, pero entonces, según nuestro autor, tendríamos que demostrar también que existen tales propiedades. Lo que si que es cierto, es que este argumento nos va a permitir identificar la mesa con sus apariencias reales y posibles, como lo tenemos para distinguirla de ellas.

             Además, el pensador británico hace una gran critica del planteamiento de Russell. Según Ayer, el planteamiento de Russell genera problemas en el planteamiento del realista ingenuo y de los cuales el realista ingenuo ignora. Según Ayer, el realista ingenuo piensa que los objetos físicos preservan su identidad en las distintas apariencias bajo las que se nos presentan, pero esto nos lleva a las siguientes preguntas problemáticas. ¿Cómo consiguen los objetos físicos preservar su identidad en las distintas apariencias bajo las que se nos presentan? ¿Qué es lo que permanece constante en tanto que varía su apariencia?, Si el objeto físico nos es conocido sólo a través de sus diversas apariencias, ¿de qué forma podemos distinguirlo de éstas? Según Ayer el realista ingenuo no tiene un lenguaje adecuado que le permita hablar de las apariencias de las cosas, independientemente de las cosas que consideremos apariencias.

              A partir de aquí Ayer nos hace su propuesta, a través de la cual podremos profundizar en su planteamiento. En primer lugar, es necesario de un vocabulario específico e introducirnos en conceptos como “cualidad sensible” “dato sensorial” para poder discutir la relación de los objetos físicos con sus apariencias. Por ello, tendremos también que examinar el problema de la forma exacta en la que tienen que construirse esos términos para que resulten aceptables. Necesitamos también proveernos de los medios para formular las premisas sobra las que tales inferencias se apoyan, para ello, según Ayer, tenemos que analizar paso a paso como llegan esos supuestos juicios perceptivos ordinarios a nosotros:

1)Tenemos los supuestos que caracterizan a un objeto físico.
2)Estos supuestos tienen que ser accesibles a más de un sentido y a más de un observador, y tiene que ser capaz de existir sin ser percibido.
3)Tiene que ocupar una posición, o una serie de posiciones en el espacio tridimensional, y tiene que perdurar a lo largo de un periodo de tiempo.

                Esto nos permite tener una estructura en la cual encaja lo que nosotros observamos. Pero según Ayer, hay casos particulares en los cuales esto no es satisfactorio. Por ejemplo, los esquimales descubrieron que las imágenes que ellos confundieron con focas no eran tangibles. Esto defiende una de las premisas que he mencionado al principio, del argumento de la ilusión, el caso es que esos errores que se encuentran en dicho argumento son posibles.
                 
                 Pero Ayer, dice que a pesar de esos errores, normalmente lo que hacemos es identificar una cosa de un tipo determinado, y esto introduce supuestos adicionales (un objeto es sólido, flexible, afilado…) y esto es lo que señalan los propósitos para los que sirve el objeto. Esto es, los supuestos adicionales caracterizan el objeto, dice como es y tras eso le adjudicamos su utilidad, decimos para que sirven: como el cuchillo es afilado sirve para cortar. Pero Ayer va más allá preguntándose si todo esto puede estar contenido en un único acto perceptivo: ¿realmente estamos seguros cuando vemos algo que también lo ven los demás?, ¿podemos garantizar estar seguros de que realmente está compuesto por los materiales y las cualidades que le damos? Según Ayer no, pero es lógico que la experiencia visual no pueda garantizar estas conclusiones, con más motivo aún necesitamos determinar cómo son los objetos tal como los percibimos porque sino jamás sabremos o podremos conocerlos, porque si siguiéramos el argumento de la ilusión, afirmaríamos más cosas de las que puede implicar lógicamente cualquier consideración estricta de la experiencia sobre la que se apoya.


                      Por ultimo, en relación al sentido común, Ayer afirma que “creo que la opinión del sentido común es que los objetos físicos que percibimos continúan existiendo por su cuenta” esto es, todos pensamos y opinamos que los objetos existen independientemente de que nosotros los observemos, lo del aula, si todos salimos del aula, todos opinamos que las sillas y las mesas y todos los objetos que hay en ella siguen estando aunque no los veamos. Lo que nos viene a decir Ayer, es que nuestra opinión común, nuestro sentido común nos hace tachar a las cosas de una determinada manera la cual consideramos real, es como que todos estamos de acuerdo de que una cosa es así, y que todos la percibimos de la misma manera, y por ello decimos y confirmamos que su realidad es tal como todos suponemos que es, hacemos evidente su realidad porque todos coincidimos en sus cualidades a la hora de percibirla. Ayer señala, que a pesar de esto, hay casos en los que la ciencia nos dice lo contrario a lo que todos pensamos o coincidimos. Russell hace una crítica a esto, diciendo que el realismo ingenuo lleva a la física, y la física si es verdadera, entonces el realismo ingenuo es falso porque uno de los pilares en los que se sostiene es el sentido común del que he hablado.

Espero que la filosofía de Ayer os haya hecho reflexionar un poquito, seguro que en algunas cosas estaréis de acuerdo y en otras no tanto, eso es lo bello de la filosofía. 
Tened una feliz tarde de domingo y una semana estupenda. 
Hasta pronto queridos lectores. 
Gracias por visitarme una semana más. 
Con todo mi cariño, Leticia


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