Detrás del cuadro y afuera de la caverna

 

Guernica (1937) Pablo Picasso



"Todo lo que puedas imaginarte es real."

- Picasso - 





             ¡Hola queridos lectores! Mi más sinceras disculpas por la tardanza en escribir una nueva entrada, este tiempo he estado ocupada con otros asuntos que me han impedido hacer una de las cosas que más amo: escribir en mi rincón favorito. Lo cierto es que necesitaba de este tiempo para darme cuenta de muchas cosas, sobre todo, de aprender del pasado e intentar no cometer los mismos errores, creo que finalmente las malas vivencias del pasado están para eso, para que aprendamos de ellas y poder saber tomar decisiones con sabiduría ante situaciones semejantes o parecidas que se nos presenten en la vida. En ese momento, hemos de ser críticos con nosotros mismos y saber decidir con criterio, sobre todo, por no volver a repetir esa mala experiencia que tanto nos hizo sufrir en su día. Y es que, detrás de cada persona, hay una vida que ha vivido y debemos empatizar con ello, sin embargo, la mayoría de las personas tienden a prejuzgar injustamente las acciones y actitudes, en vez de cuestionarse con sabiduría qué es lo que le ha hecho actuar de ese modo, máxime cuando nos encontramos ante personas que por su bondad es imposible que le hagan daño a nadie. 

         En fin, todo esto me lleva a reflexionar con vosotros lo que en filosofía se denomina "ignorancia" o, "falta de conocimiento racional", esto es, cuando el ser humano se limita a prejuzgar sin analizar más allá de lo que sus sentidos y "pensamientos limitantes" le permiten, convirtiéndose en un ser ignorante y conformista que no lucha por cambiar ni personalmente ni con la situación. Y es que, para ser personas sabias debemos "salir afuera de la caverna" y "mirar detrás del cuadro" y, en cierto modo, he de reconocer que eso es una labor complicada que requiere de entendimiento y comprensión. 

            ¿A qué me refiero con eso de "salir de la caverna" y "mirar detrás del cuadro"?  Veréis, metafóricamente hablando, ante esta reflexión, he visto oportuno tomar como ejemplo ilustrativo el mito de la caverna de Platón, que para aquellos que no lo conocéis (seguro que muchos de vosotros habéis oído hablar del mismo) es el mito al que Platón recurre para representar al ser humano en relación con la filosofía y la realidad.

            En esencia, el mito trata de unas personas que se encuentran desde su nacimiento en una caverna atadas de pies y manos sin poder mover ni siquiera la cabeza, mirando de frente al interior de la gruta, dando la espalda a una apertura exterior donde penetra la luz. Dentro de la caverna hay un fuego encendido que queda también a las espaldas de estas personas cuyo resplandor se proyecta en las paredes de la gruta y, entre las personas atadas y el fuego se encuentra una tapia con objetos, de manera tal que éstos rebasan la altura del murete y su sombra se proyecta en el muro interior de la cueva, siendo las sombras de los objetos lo único que ven las personas atadas dentro la caverna, siendo ésa para ellos la única realidad. No obstante, cuando una de esas personas rompe sus cadenas y se libera, ascendiendo hacia la salida de la gruta, al principio, cegada por la luz del sol, no percibe nada, pero luego, poco a poco, se acostumbra y consigue ver primero sombras, luego las imágenes de los objetos y finalmente, los objetos mismos, la Luna, las estrellas y el Sol. En ese momento, esa persona que se libera, es consciente de la verdadera realidad, pues el mundo que conocía hasta entonces era irreal y engañoso. Hecho que le hace regresar de nuevo a la caverna para explicar a sus compañeros la verdadera realidad, sin embargo según el mito, éstos no lo creerán, se reirán de él y a mayor abundamiento, para el caso de que intentara desencadenarlos y hacerlos subir, lo matarán. Según Platón, el mundo de la caverna es el mundo de las cosas sensibles y las personas encadenadas simbolizan la condición humana, engañada e ignorante, pero que puede sin embargo superarse, ascendiendo por el camino del conocimiento hacia el mundo de las ideas, dejando a un lado su pensamiento limitante y los prejuicios. 

                   Y es que, para ser conscientes de la realidad hemos de dejar a un lado aquello que nos limita y nos hace prejuzgar situaciones y acciones antes de intentar comprender y entender su causa, pues, como he comentado al principio, toda persona ha pasado por malas vivencias que le hacen reaccionar con sabiduría (sobre todo no querer volver a pasar por lo mismo) ante situaciones similares o semejantes. Siempre que veamos un cuadro, debemos saber mirar detrás del mismo, tal y como hizo la persona que se liberó de las cadenas dentro de la caverna, pues detrás de esas sombras se escondía la verdadera realidad, igual que detrás de una acción, de una persona, de un hecho como de una obra de arte se esconde una realidad que desconocemos. 

         Por ejemplo, tomemos la obra de arte el Guernica de Pablo Picasso, a simple vista si miramos la obra sin conocimiento alguno, vemos únicamente lo que nuestros sentidos nos proporcionan, sin embargo, nuestra perspectiva cambia cuando tomamos consciencia de los verdaderos significados de cada uno de los símbolos plasmados, donde mediante metamorfosis, Picasso hace de cada figura un símbolo. En concreto, las mujeres y el niño reflejan las víctimas de la Guerra Civil española; el guerrero caído, simboliza los saldados muertos; la mujer con la lámpara simboliza la esperanza y la justicia, si nos fijamos bien hacía la lámpara alza sus ojos la mujer que se incorpora; el toro, según algunos comentaristas es la alegoría de la muerte, que vuelve la cabeza sin importarte el horror, otros, lo consideran como la imagen heroica del pueblo español; el caballo, simboliza, según algunos autores, el bien o el mal de la España fascista que pisotea al guerrero y, otros, lo consideran como símbolo de dolor y agonía. En concreto,  en propias palabras de Picasso, el caballo representa al pueblo y el fascismo y, el toro la brutalidad. En definitiva, el Guernica, más allá de lo que nuestros sentidos nos muestran, representa el terror, lo injustificable y, a su vez, la esperanza, la luz... una luz que brota de los cuerpos encendidos por el dolor de la Guerra Civil española.


Hasta aquí mi reflexión de hoy, espero que os haya gustado las metáforas que he empleado para haceros ver que no nos debemos dejar llevar por lo que nuestros sentidos y pensamientos limitantes nos hacen prejuzgar, hemos de actuar con sabiduría dejando un margen a la compresión y al entendimiento, sobre todo, para tener conocimiento de la verdadera realidad. Para ello se necesita dialogar, dialogar con la obra de arte, dialogar con los objetos, con los edificios, con los libros, con las personas... Os deseo una feliz tarde de domingo, 
con todo mi cariño y amor, Leticia. 








"Habla para que yo pueda conocerte."

- Sócrates - 





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