Adiós al miedo

Miedo al agua  (J. Sorolla)



"El miedo es ese pequeño cuarto oscuro donde los negativos son revelados."


- Michael Pritchard - 



       ¡Hola queridos lectores! No podéis ni imaginar lo que echaba de menos escribir en el blog, por fin ha llegado el día en el que he podio sentarme con mi taza de café y hacer unas de las cosas que más me apasiona: escribir en mi rincón favorito. Estos últimos meses han sido de no parar, sobre todo el último mes donde he culminado muchas cosas a las que debía dar prioridad, gracias a Dios todo ha ido bien y este mes de agosto se presenta tranquilo, espero poder descansar y desconectar y que también lo hagáis vosotros, estoy convencida de que así será, lo merecemos.


      Hoy quiero invitaros a reflexionar sobre los temores de la vida, sobre esas cosas que nos impiden ser felices o al menos vivir nuestros sueños y nuevas experiencias. Todos tenemos algo en nuestra vida que nos aterroriza, o más bien, nos da un cierto respeto. Para algunos puede ser volar en avión, para otros emprender el negocio de sus sueños, para otros hablar en público... en definitiva, un sinfín de cosas que nos limitan e impiden vivir la vida que deseamos o aquellas experiencias con las que sin a penas intentarlo nos damos por vencidos. 


      Detrás de los miedos, según algunos filósofos se encuentran ciertos traumas de nuestra infancia, malas experiencias vividas  o simplemente personas que forman parte de nuestra vida que nos los transmiten generando en nuestra mente pensamientos negativos y limitantes y, por siguiente, temores innecesarios. Por ello, antes de actuar y dar el paso decidimos no hacerlo sin ni siquiera darle la oportunidad a la vida de vivir esa experiencia, dándonos por vencidos y por derrotados antes de tiempo. En mi caso, he de reconocer honestamente que mis temores proceden por malas experiencias vividas anteriormente, experiencias que me han hecho sufrir y que durante mucho tiempo me han hecho huir antes de tiempo sin ni siquiera darme la oportunidad de comprobar que podía estar equivocada.


     Veréis, cuando era niña una vez encontré un perro abandonado en la calle, estaba herido, tenía hambre y sed, yo acabada de salir del colegio, esa tarde mi madre me hizo para merendar un bocadillo de paté - aún recuerdo ese sabor a infancia e inocencia donde los problemas se resumían en hacer los deberes y no llegar con la ropa manchada a casa después de jugar toda la tarde por las calles del pueblo - como os decía, esa tarde me encontré un perro, intenté acercarme a él y sin más me ladró, así que guardando una cierta distancia le lancé un trozo de bocadillo, él me miró con una mirada triste y desconfiada, aún así el hambre le pudo y comió el trozo de pan untado en paté, me volvió a mirar y le volví a lanzar otro trozo de pan, lo comió y después, sin más, huyó corriendo. Al día siguiente, volví a ir a ese lugar, esta vez iba preparada, llevaba agua, un bol y comida para él, ilusionada sabía que iba a regresar, y así fue, al principio me volvió a ladrar, le puse agua y bebió, comió y después volvió a huir. Así una tarde tras otra, hasta que con paciencia y amor me gané su confianza, al final nos hicimos amigos. Os cuento esto, porque al cabo de los años, tras las experiencias vividas me he dado cuenta que lo que realmente le sucedía a aquel perro que de niña me encontré era que tenía temor a que le hiciera daño, un miedo que le había generado la persona que le hizo esas heridas y que yo con inocencia y felicidad le supe curar, a pesar de su miedo, el perro me dio la oportunidad de demostrarle que no todos los seres humanos somos iguales. Si un perro supo hacerlo ¿por qué no nosotros? Sé que no es fácil, lo sé por propia experiencia, pero tal vez nos estemos perdiendo cosas maravillosas por culpa del miedo y del temor a que se vuelvan a repetir malas experiencias o simplemente por el temor a que lo pensamientos negativos de nuestra mente se hagan realidad. 


       Por eso, hoy os propongo decir adiós al miedo y dejaros llevar y fluir por las cosas buenas y bonitas que la vida nos tiene preparadas, debemos estar seguros de que todo irá bien por el simple hecho de que fluyen sin más y llegan a nuestra vida de una manera mágica e inesperada, pues si estamos preparados para lo malo, también merecemos estar abiertos a lo bueno que nos depara la vida, sólo tenemos que dejarnos guiar por las señales que así lo indican. Así que os animo a dejar de lado los miedos y daros la oportunidad de vivir esas experiencias o la vida que tanto soñáis. Por mi parte, estos últimos días así lo he decidido, dejar lo pasado en el pasado aprendiendo de ello y vivir el presente sin miedos con esperanza en el futuro, como bien decía Albert Einstein: "Aprende del pasado, vive el presente y ten esperanza en el futuro". En definitiva lectores, nos merecemos darnos la oportunidad de ser felices y también merecemos dar la oportunidad a las personas que lo desean serlo a nuestro lado, estoy convencida de que con miedo nada se consigue, todo lo contrario, el miedo lo alimenta el diablo.


Espero que os haya gustado la entrada de hoy, lo cierto es que he de reconocer que ha sido una reflexión puramente filosófica sin mucho contenido de Historia de la Filosofía, me apetecía abrir las vacaciones de verano y este mes de agosto que se avecina con algo fresco y diferente compartiendo con vosotros mis propias experiencias de la vida.

Os deseo unas felices vacaciones con la familia y amigos, con todo mi cariño y amor, Leticia.







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