Breve introducción a la ética y política de Santo Tomás de Aquino

       
        Como en los problemas de la física, también en los de la ética y la política Tomás está en profundo acuerdo con Aristóteles. Hay, sin embargo, entre ellos discrepancias inevitables. Por ejemplo en la teoría política, Tomás de Aquino otorga una especial importancia al bien común, ya que es la condición de posibilidad del ejercicio pleno de la libertad. A diferencia de Aristóteles, Tomás ya no piensa en absoluto que haya hombres que tengan que ser necesariamente esclavos. Afirma con claridad que todos los hombres poseen la misma vocación natural y sobrenatural. Siempre que el bien común esté en un gravísimo peligro, Tomás acepta, en caso límite, el tiranicidio, o sea, la rebelión, incluso violenta, contra el tirano. Con todo, no deja de advertir que con mucha frecuencia la rebelión violenta contra el tirano produce males mayores que los que intenta remediar.

           
           Otro ejemplo capital de discrepancia respecto de Aristóteles, es que Tomás considera que el entendimiento agente es individual y el alma humana, que es creada directamente por Dios cuando el cuerpo que ha de recibirla está suficientemente formado en el interior de la madre, es, por su naturaleza, inmortal. Tomás se opone por completo a la doctrina franciscana de la pluralidad de las formas, pero piensa que, aunque el alma racional y libre sea la única forma sustancial del hombre, posee algunas funciones que no dependen de los órganos del cuerpo. Sin embargo, es verdad que una determinada alma ha sido creada para vivificar precisamente el cuerpo al que anima mientras dura la unión sustancial entre ambos. Por consiguiente, el estado de separación del cuerpo que sigue a la muerte no es el más natural para el alma, que reclama de suyo, en cierto modo, la resurrección de aquella carne que le está destinada. Por supuesto, la existencia futura del hombre en el reino de Dios no puede pensarse que incluirá las mismas actividades corporales que ahora, debido a que será un estado de gracia que nos es desconocido:

            “Y si alguien se empeña en afirmar que el alma intelectiva no es forma del cuerpo, debería indicar el modo por el cual el entender es una acción de este hombre concreto, ya que cada uno experimenta ser él mismo el que entiende.”[1]

      Espero que con esta pequeña introducción a la ética y política de Santo Tomás de Aquino entendáis un poco mejor su filosofía.


     ¡Muchas gracias por todo! Tened una gran semana, un saludo.


Leticia Latorre.





[1] Santo Tomás de Aquino, Suma teológica, I, q. 76,a.1, B.A.C.

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