La Filosofía del siglo XX

            
Les amants - René Magritte
1928

           El núcleo de la filosofía del siglo XX no será el ser sino la vida. Comienza pues con los diversos vitalismos: el vitalismo metafísico de Bergson y el historicista de Dilthey, el de Simmel y el vitalismo por parte de Cassirer. Después tendrá lugar lo que se conoce como giro lingüístico, que explica que el pensamiento esta en el lenguaje y no en el entendimiento. Respecto al lenguaje se construyen dos lógicas, la fenomenología de Husserl y la lógica hermenéutica de Heidegger, y la lógica matemática de Russell y la transformación de esa lógica en pragmatismo de la mano de Wittgenstein. 

          La vida comentada en la existencia se convertirá en una región ontológica en la cual se centrará buena parte de la filosofía del siglo XX, con existencialismos ateos como el de Sartre o cristianos como el de Marcel. Otra rama importante de interpretación del existencialismo la aportará el marxismo.

           De esos existencialismos brotará el estructuralismo (el lenguaje desde el concepto de estructuras) y en esa línea se desarrollará la llamada hermenéutica. En otras líneas, influida más por el marxismo que por el existencialismo serán Horkheimer, Adorno y Habermas; y por fin una de las tradiciones definitivas del siglo XX que es el pragmatismo (especialmente en Norteamérica).  Además hablaremos de otra línea ontológica histórica representada por Faucault, que es la historia como acontecimiento.

            Las filosofías fundamentales del siglo XX van a centrarse en la ontología más que en la metafísica, también es muy importante la restauración del pensamiento simbólico. En el siglo XIXI priman dos tradiciones, el neokantismo y el positivismo. La filosofía de Nietzsche como introducción del siglo XX pone la vida en el centro de la filosofía y critica las dos tradiciones principales de su tiempo. Esto hará que una de las principales tradiciones del siglo XX sea el vitalismo. Hay dos interpretaciones del vitalismo: la de Simmel y la de Bergson. Ambas lo plantean desde la metafísica, haciendo metafísica de la vida. Hay otra forma del vitalismo llamado el historicista donde se distinguen las posturas de Dilthey y Cassirer, donde lo fundamental es la crítica de los valores culturales e históricos de cada momento.

   En la segunda mitad del siglo XIX surge el pensamiento vitalista contra el mecanicismo que ha dominado toda la filosofía moderna, mecanizada y matemática, que en la modernidad lo consolida Kant especialmente en la interpretación de la ciencia que hace él y el neokantismo. El kantismo se planta en el fondo qué conocimiento puede ser científico, eso es lo que critica el vitalismo. Frente a esto el vitalismo revaloriza lo singular, lo interior, lo anímico, lo vivido, lo dinámico. Critica el componente sistemático de la filosofía moderna y “da lugar a una ética del autoengendramiento del hombre por si mismo”, por ejemplo el superhombre de Nietzsche, éste es pues el gran iniciador del vitalismo, la vida como algo fluido y creador. No hay determinismo en la creación. Es lo que estos autores tratarán de hacer.

    Hay dos grandes líneas del vitalismo ya en el siglo XIX, una más metafísica (Bergson, Simmel)  y otra más historicista (Dilthey, Cassierer) de donde vendrá la hermenéutica más tarde.

   Por último, comentar que el vitalismo histórico, realizará una crítica de la razón histórica cuyo pionero es Dilthey, que se preguntará cómo aparece la razón en la historia, y una crítica a la cultura por parte de Cassirer. En esta línea historicista se propone la fundamentación de las ciencias del espíritu (Dilthey) y las ciencias de la cultura (Cassirer) replanteando la critica de la razón Kantiana.

Me despido con uno de mis poemas favoritos, de un gran poeta del siglo XX, mi querido Vicente Aleixandre,  forma parte del libro La destrucción o el amor, que escribió entre los años 1932 y 1933, publicado finalmente en el año 1935 y, dice así:



- SE QUERÍAN -

    Se querían. 
Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada, 
labios saliendo de la noche dura, 
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde? 
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.
Se querían como las flores a las espinas hondas, 
a esa amorosa gema del amarillo nuevo, 
cuando los rostros giran melancólicamente, 
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.
Se querían de noche, cuando los perros hondos 
laten bajo la tierra y los valles se estiran 
como lomos arcaicos que se sienten repasados: 
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.
Se querían de amor entre la madrugada, 
entre las duras piedras cerradas de la noche, 
duras como los cuerpos helados por las horas, 
duras como los besos de diente a diente solo.
Se querían de día, playa que va creciendo, 
ondas que por los pies acarician los muslos, 
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando... 
Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.
Mediodía perfecto, se querían tan íntimos, 
mar altísimo y joven, intimidad extensa, 
soledad de lo vivo, horizontes remotos 
ligados como cuerpos en soledad cantando.
Amando. 
Se querían como la luna lúcida, 
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro, 
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida, 
donde los peces rojos van y vienen sin música.
Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios, 
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas, 
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal, 
metal, música, labio, silencio, vegetal, 
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.



Un abrazo, feliz semana. Leticia. 

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