El gusto


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"La belleza del rostro es frágil, es una flor pasajera, pero la belleza del alma es firme y segura"

-  Molière -


¡Hola queridos lectores! ¿Qué tal estáis? Espero que estéis disfrutando del mes de agosto y de unos merecidos días de vacaciones, siento muchísimo no haber publicado antes, a veces damos prioridades a otras cosas y dejamos de lado lo que realmente nos hace felices y, creo que en mi caso eso es lo que me ha pasado estas últimas semanas, pero no pasa nada, lo importante es que por fin hoy he podido sentarme con una buena taza de té frío y hacer una de las cosas que más me gusta: escribir en mi rincón favorito.


         Y hablando de gustos, sobre ello hoy os quiero invitar a reflexionar ¿os habéis preguntado alguna vez qué es el gusto? Veréis, en el campo de la estética cuando nos encontramos ante una obra de arte, ya sea de la creación, contemplación o gozo de la misma, frecuentemente a la hora de emitir un juicio de valor en la mayoría de las ocasiones hacemos uso de las expresiones “me gusta” o “no me gusta” ¿verdad que sí? Como dato curioso, comentaros que el concepto gusto nació con la Modernidad y con la estética, de hecho desde su nacimiento hasta nuestros días se ha dado a lo largo de la Historia de la Filosofía una continúa contradicción sobre la temática del gusto, curioso ¿verdad? Veréis, por un lado, existe la corriente filosófica sostenida por pensadores principalmente ingleses y franceses que tratan el tema del gusto partiendo de principios propiamente filosóficos y psicológicos, entre los que se ha de destacar al pensador Edmund Burke (1729 – 1797), quien afirma que el gusto está basado en una fisiología corporal, esto es, en lo que nos hace sentir en nuestro cuerpo. Así pues, para este pensador basa el gusto en la sensación, donde lo bello es lo nos transmite una sensación agradable, armoniosa, plenitud, tranquilidad y paz. 


         Por otro lado, se encuentra la corriente formada por pensadores alemanes que reducen el gusto al sentido común, entre los que se encuentra el famoso filósofo Inmanuel Kant (1724 -1804), quien parte de unas bases trascendentales del gusto y del arte. Para Kant todo juicio estético es un juicio particular con pretensiones de objetividad, es decir, para este pensador cuando decimos “me gusta esta película” estamos convencidos de que podemos motivar a los demás a que también les guste. El filósofo Kant se pregunta ¿qué es lo que hace que algo subjetivo se convierta en algo objetivo? Para Kant existe un sentido común en todo el mundo que es el fundamento de la comunicabilidad de los juicios estéticos, esto es, el pensador alemán afirmaba que sobre la base de todo no se puede dar explicaciones de ello, lo que viene a significar que lo que es el fundamento de la comunicación no es comunicable, es decir, de la misma forma que tenemos una especie de sentido común, también todos tenemos unas facultades sanas y transcendentales que es lo que hace que fundamentalmente consideremos una pintura como una obra de arte, así pues nadie cuestionará ni pondrá en duda por ejemplo, que Velázquez sea un buen pintor, pues es un fundamento trascendental y universal para todos. De igual modo, el pensador alemán considera que los juicios estéticos dimanan del sentimiento y no del conocimiento, donde es bello o sublime el sentimiento que nos despierta aquello que nos gusta, por ejemplo, para Kant las flores en sí no son bellas, es bello el sentimiento que nos despierta apreciarlas. En la actualidad esta idea kantiana continua latente en nuestra sociedad, sobre todo en el mundo de la publicidad, donde se utiliza la estética y el gusto para sensibilizar a la gente y vender algo, es decir, conmover (al consumidor) para mover a hacer algo (comprar su producto o servicio). 


     Hasta aquí la entrada de hoy, no quiero extenderme más, sin duda es un tema que da para mucho, pues no hemos entrado a profundidad por ejemplo en qué es lo que hace que unas personas nos gusten más que otras, si podemos hablar de atracción física a primera vista o más bien de atracción espiritual o platónica, esto es, de lo que nos hace sentir su forma de ser y, en el mejor de los casos, ambas cosas a la vez: que nos guste la belleza de su alma y de su rostro, lo primero perdura, lo segundo, se borra con el tiempo, aunque soy de las que piensa que envejecer es bello, pienso que si el alma es bella la persona siempre lo será, como bien dice el dicho "los ojos son el reflejo del alma", una buena persona con una bella mirada siempre gusta, ¿verdad?. Aún así, he de reconocer que ese tema es más bien propio de la psicología que de la filosofía, aunque en diversos momentos de la Historia de la Filosofía haya sido cuestión a resolver también por algunos pensadores filosóficos sobre todo del mundo de la estética. 


       Por último, comentaros que la obra de arte que abre el post up de hoy es muy especial para mí, pues es una de mis favoritas, el Estanque con nenúfares de Monet, ¡me gusta muchísimo, me encanta! Me transmite muchos sentimientos bellos, sobre todo tranquilidad y paz, me gusta imaginarme dentro del estanque, paseando, cruzando el puente mientras disfruto del ruido del agua y del cantar de los pájaros, aún recuerdo la primera vez que la vi y desde entonces junto con El beso (1908) de Klimt es una de mis obras de arte preferidas, bueno y alguna que otra más (risa). 


        Espero que os haya gustado la entrada de hoy y que hayáis disfrutado de la lectura, también espero que estéis disfrutando de unos merecidos días de descanso, aprovechad que en nada termina el mes de agosto y comienza de nuevo el curso y la rutina. 

Muchas gracias por visitarme, ya queda menos para que alcancemos las 200K visitas ¡ESTOY ANSIOSA DE QUE LLEGUE EL DÍA! Como sabéis yo no obtengo ningún beneficio económico por escribir este blog, creo que ahí está la magia, pues vosotros más que nadie sabéis apreciar el amor y el cariño con el que lo hago, disfruto muchísimo con ello y, eso si que no tiene precio, como las mejores cosas de la vida que no se pueden comprar con dinero, esta es una de ellas. 

Muchas gracias de nuevo,

 con todo mi cariño y amor, Leticia. 





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