Esperanza





"La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose".

- Julio Cortázar - 



¡Feliz Navidad queridos lectores! Espero y deseo que estéis pasando unos días felices con la familia y amigos, a pesar de las circunstancias y limitaciones, seguro que estas Navidades son especiales y mágicas, al menos no hemos de perder la esperanza de que así será y, si estás Navidades no son como las esperadas, no preocuparos, seguro que el año 2022 si lo será. 


Por cierto, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de esperanza? En los últimos tiempos con la COVID-19 es un concepto que se ha convertido más común de lo normal en nuestro lenguaje cotidiano, especialmente estas Navidades he apreciado - no sé vosotros - que en la publicidad y en los mensajes navideños tanto de nuestros familiares, amigos, conocidos como de las grandes y las pequeñas empresas la mayoría de ellos hacen referencia de manera directa o indirecta a la "esperanza" como esa virtud que nos hace esperar confiados a que eso que soñamos se dará, tanto en estos días de magia e ilusión como en el próximo año 2022. 


Efectivamente, la esperanza es uno de los motores más importantes de la vida de las personas, una vida sin esperanza, es una vida sin ilusión, sin alegría, pesimista, sin objetivos, sin sueños por los que luchar, sin propósitos, una vida con pocas o ninguna ganas de vivir, dado que es un estado de ánimo optimista donde se cree con fe y certeza que los resultados serán buenos, ya que quien tiene esperanza mientras las circunstancias (personales o sociales) son malas decide continuar caminando luchando frente los obstáculos de la vida. Sin esperanza perdemos la voluntad y la energía de seguir, y nosotros mismos nos convertimos en nuestros propios enemigos, pues si dejamos de caminar o lo hacemos sin esperanza, más difícilmente ese cambio deseado se va a dar. 


La esperanza es el motor del caminante que camina hacía sus sueños, objetivos, propósitos, creencias o intuiciones con la fe, paciencia, certeza y confianza de que lo que se anhela y se sueña al final se alcanzará, se conseguirá. Cuando uno camina con esperanza lo hace con energía y fuerza, superando virtuosamente todos los obstáculos del camino que le impiden alcanzar lo que sueña. Sin embargo, en ocasiones, no siempre depende de nosotros, ya que puede darse ese momento donde nos damos cuenta que con nuestras acciones poco o nada podamos hacer e incluso puedan llegar a empeorar la situación, ante esa circunstancia tenemos dos opciones: bien, fomentar la esperanza, continuando con nuestra vida, andando nuestro camino con la esperanza de que se dará lo que se desea, recurriendo a la oración y a Dios, a la paciencia y a la fe, bien, optar por arrojar la toalla y hacer por imposible aquello que un día se nos presentó como alcanzable. Esta última opción es sumamente peligrosa, dado que con pensamientos negativos y limitantes nosotros mismos arrojamos oscuridad y ponemos más obstáculos dificultando que lo que se ha de dar se dé e incluso haciendo imposible lo posible, además de generar en el peor de los casos tristeza, desilusión, des-motivación y angustia en nuestro día a día, soportando una carga innecesaria en nuestro caminar. 


Sin duda, especialmente la esperanza como virtud llega a nuestras vidas cuando nuestras acciones ya no son suficientes, cuando la propia vida nos dice que es el momento de soltar y confiar, de seguir caminando con fe y paciencia, de que todo está siendo como ha de ser, y aunque en el peor de los casos el resultado no sea el esperado, siempre será por nuestro bien, aunque en ese momento no lo veamos, la vida y el tiempo así nos lo mostrará con un porvenir mucho mejor que el esperado. 


Por muy malas que sean las circunstancias, no perdamos la esperanza nunca de que todo cambiará para mejor, pues una actitud positiva y con fe hace que todo sea posible, eso sí, sin dejar de caminar ni luchar, superando los obstáculos de la vida y levantándose todos los días agradeciendo las cosas bonitas que nos rodean, que no son pocas, tenemos muchos motivos para sentirnos afortunados. 


Me despido con el anuncio de Campofrío de estas Navidades, un anuncio que creo que a todos - o a la mayoría - nos ha llegado, personalmente además de emocionarme me ha encantado:




No perdáis nunca la esperanza, sé que puede llegar a ser complicado en un mundo donde un virus ha entrado en nuestras vidas, donde las tecnologías nos han hecho ser más impacientes e incluso nuestras propias malas vivencias personales nos han podido dar motivos para no confiar, pero aún así, debemos seguir teniendo fe y esperanza, nos merecemos ser felices y vivir la vida que nos merecemos vivir. Sólo tenéis que desearlo y creer que ya lo habéis conseguido, lo demás, vendrá por sí sólo, tened paciencia y escuchad siempre a vuestro corazón, él sabe la respuesta. 

Disfrutad estos días mágicos, que nada ni nadie os robe la ilusión y mucho menos la esperanza.

 Un fuerte abrazo, con todo mi amor y cariño, Leticia.


¡Feliz Navidad!




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